“Lo peor en esta vida es que le derrote a uno gente despreciable”, decía Hemingway. O Capote.
Todos recibieron lo suyo. Una frondosa cosecha de papirotazos que no se recuerdan en tan respetable escenario. Gabriel Rufián, que se exhibe primoroso en estas lides con sus recursos de matoncillo de arrabal, de Lee Marvin de chamarilería, enmudeció cuando el interpelado resumió el espíritu de la sala: “Si yo fuera presidente del Gobierno, usted ya me habría llamado asesino y habría puesto un trozo de rail en el escaño”. Luego le dijo cobarde porque no osa reproche alguno a Sánchez o a Puente y el pijoaparte se calló. Los independentistas catalanes tienen a gloria su cobardía.
https://www.vozpopuli.com/opinion/el-dia-de-furia-de-nunez-feijoo.html
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