PS no es estúpido; sabe perfectamente que España no es China, que las proporciones no admiten comparación. Pero también sabe, o cree saber, que las formas pueden adaptarse, que los sistemas pueden deformarse sin romperse del todo, y que entre una democracia plena y un autoritarismo explícito existe un territorio intermedio, lo bastante fértil como para ser cultivado. Siete años de gobierno a golpe de decreto ley, con un Tribunal Constitucional que ha terminado por funcionar como un borrador mágico y un Parlamento en la práctica vaciado de funciones, apuntan en esa dirección. No se trata de copiar, sino de una aspiración: la de construir, a escala local, una suerte de «pequeña China», discreta y funcional, que conserve la apariencia de una democracia, pero cada vez más alejada de su espíritu.
Hay coherencia de largo plazo. El momento fundacional se remonta 20 años atrás y tiene fecha: el 14 de noviembre de 2005, cuando José Luis Rodríguez Zapatero firmó en Madrid junto a Hu Jintao el acuerdo de Asociación Estratégica Integral.
70 países ya han comprobado que la inversión china suele ir acompañada de dependencia tecnológica, control de infraestructuras críticas, déficits comerciales, endeudamiento y nula aportación a la cadena de valor. El mercado chino sigue siendo impenetrable, las empresas extranjeras operan allí en un tablero inclinado y la supuesta reciprocidad es, en la práctica, inexistente. Lo que China adorna con el lazo de la cooperación termina funcionando como mecanismo de injerencia, control y palanca de poder.China no cuestiona a sus aliados por el uso que hacen del poder. No es escrupulosa. Su política exterior se rige por un principio mucho más simple: la no injerencia… siempre y cuando se le sirva bien. China le dice al gobernante corrupto: «Con nosotros no tendrás problemas». Ese es, precisamente, el mensaje implícito que Xi Jinping lanza a Sánchez invitando formalmente a su mujer.
Si queremos descubrir la verdadera naturaleza de la alianza entre España y China, es ahí donde debemos mirar: en los convenios de formación suscritos por las agencias de información estatales de uno y otro país. En el aprendizaje de técnicas de control social. En el manual de instrucciones para transformar España en la pequeña China de Europa.
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