Una vez que entregas tus fronteras y sacrificas tu identidad nacional para acomodar diásporas con antecedentes culturales totalmente diferentes, no obtienes una sociedad más rica; obtienes una zona de guerra.
domingo, 18 de octubre de 2026
sábado, 17 de octubre de 2026
El Gobierno no aplica las medidas cautelarísimas del Tribunal Supremo con lo que se garantiza la victoria en las próximas elecciones, estamos ante un golpe de Estado que cumple todos los requisitos de los golpes de Estado, básicamente el Ejecutivo se independiza del Poder Judicial al que técnicamente anula. Todo lo que ocurra de aquí a las elecciones, si se llevan a cabo con este censo ilegal y distorsionado, carece absoltumante de sentido político porque la política ha terminado, solo hay representación para que la estafa se lleve a cabo delante de las narices de todos los españoles, y con su colaboración votando. Si no se aplican las medidas del Supremo, y no se están aplicando, al Alto Tribunal solo le queda anular la convocatoria de las elecciones con un censo trucado y un golpe de Estado en marcha. Y por supuesto si VOX y PP se presentan a estas elecciones sin haberse aplicado las medidas del Supremo habrán legitimado el pucherazo, la situación será absolutamente irreversible a posteriori.
Don Blas https://www.vozpopuli.com/opinion/tres-pajaras-en-el-alambre-de-pedro-sanchez.html
viernes, 16 de octubre de 2026
Bueno parece que el regimen del 11m esta a punto de desmoronarse por completo con sus apostoles ZP, Bono, Sanchez …totalmente desacreditados y a un telediraio de ser juzgados, algunos por alta traicion.
Empezamos a entender para que se produjo aquel atentado.
Y evidentemente no fue islamista aunque los amigos marroquies del psoe colaboraron en la ocultacion y pusie
ron los muertos de Leganes a cambio de lo que estamnos viendo ahora.
No es Pegasus, es 11M lo que da fuerza al moro.
https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2026-10-16/plebiscito-noviembre-articulo-benegas/
martes, 6 de octubre de 2026
El 2 de febrero de 1905, en San Petersburgo, nació Alissa Zinovievna, filósofa y escritora de origen ruso, mejor conocida en el mundo de las letras bajo el nombre de Ayn Rand. Ella declaró: «Cuando te des cuenta de que necesitas el permiso de aquellos que no producen nada para poder crear; cuando veas que el dinero fluye no hacia aquellos que intercambian bienes, sino favores; cuando comprendas que muchos se enriquecen no por su trabajo, sino por la corrupción y las influencias, y que las leyes, lejos de protegerte contra ellos, los protegen contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y que la honestidad se convierte en un sacrificio, entonces podrás afirmar, sin sombra de duda, que tu sociedad está condenada.» Estas palabras resuenan, como una verdad intemporal, como una advertencia grabada en el mármol del tiempo.
En 50 años, los libros de historia dirán que Elon Musk ganó una guerra que nadie sabía que estábamos perdiendo.
Una guerra que comenzó hace 100 años, en una celda de prisión italiana. En 1926, Mussolini hace arrestar a un intelectual sardo de 35 años. En el juicio, el fiscal habría dicho: «Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años». Se llamaba Antonio Gramsci. Su cerebro nunca dejó de funcionar. En prisión, llenó miles de páginas que se convirtieron en uno de los textos políticos más influyentes del siglo XX. Creo que estamos viviendo el momento en que su teoría se derrumba. Déjenme explicárselo. Gramsci se planteaba una pregunta simple. ¿Por qué la revolución comunista tuvo éxito en Rusia pero fracasó en todo Occidente? Su respuesta: en Occidente, el poder no se sostiene solo por el Estado, la policía y el ejército. Se sostiene por la cultura. Por lo que la gente encuentra normal, evidente, «de sentido común». Lo llama hegemonía cultural. Entonces, para tomar el poder, no hay que tomar primero el palacio. Hay que tomar primero las mentes. Las escuelas. Las universidades. Los periódicos. El teatro. La edición. Los tribunales. Eso es la «guerra de posición»: una conquista lenta, institución por institución. Cuando la cultura bascula, la política la sigue sola. Cuarenta años después, el activista alemán Rudi Dutschke lo convertirá en un eslogan: la larga marcha a través de las instituciones. Durante décadas, hemos vivido con un enigma que nadie lograba explicar realmente. ¿Por qué casi todos los artistas son de izquierda? Los actores, los cantantes, los profesores, los periodistas, una buena parte de la magistratura. ¿Por qué un país podía votar a la derecha elección tras elección y ver sin embargo que su cultura hablaba con una sola voz? Nos respondían: «Es porque la gente educada es de izquierda». Creo que la respuesta es más simple. Gramsci había escrito la receta, y se aplicó. Cuando controlas quién obtiene la subvención, el puesto, la buena crítica, el premio, la invitación al plató, controlas lo que se convierte en «la cultura». El mismo enigma existía a escala mundial. ¿Por qué tantos países en desarrollo, especialmente en América Latina, volvían a votar una y otra vez por gobiernos socialistas o de izquierda radical? Venezuela, Bolivia, Nicaragua, la Argentina de los Kirchner, la Colombia de Petro. La economía se derrumbaba, los cárteles prosperaban, el caos se instalaba. Y sin embargo el mismo voto regresaba. Mi convicción: la pobreza no era un accidente del sistema. Era un electorado. Y alrededor, había todo un ecosistema de ONG, de medios «independientes» y de programas de «sociedad civil», financiado en gran parte con dinero occidental. Luego, a principios de 2025, ocurrió algo que nadie se había atrevido a hacer nunca. Elon y DOGE abrieron los libros de USAID. Una agencia casi intocable desde 1961, decenas de miles de millones de dólares al año. La gran mayoría de los programas fueron cortados, y la agencia fue absorbida por el Departamento de Estado. El grifo se cerró. Y miren lo que ha pasado desde entonces. Bolivia: el MAS pierde el poder después de casi veinte años. Ecuador: Noboa reelegido. Honduras: la derecha recupera el país. Chile: Kast elegido. Argentina: Milei arrasa en las elecciones de medio término. Y hace dos días, Brasil. Jair Bolsonaro es inelegible, condenado a 27 años de prisión. La izquierda pensaba haber cerrado el capítulo. Lula, con 80 años, buscaba un cuarto mandato frente a un país que se decía adquirido. El domingo, su hijo Flávio llegó en cabeza en la primera vuelta. Más del 47% frente a casi el 45% de Lula. El propio Lula reconoció un resultado «inesperado». El mayor país de América Latina está a una segunda vuelta de bascular. El mayor giro a la derecha del continente en décadas. ¿Coincidencia? No lo creo. Cuando el financiamiento desaparece, el relato pierde sus altavoces. Queda un último verdadero bastión. Europa. Bruselas financia sus propias redes de ONG, con una opacidad que incluso la Corte de Cuentas Europea ha señalado. Las grandes fundaciones como la Open Society de Soros. Las entidades supranacionales que producen normas sin pasar nunca por un elector. Es la última fortaleza de la hegemonía cultural. Y empieza a agrietarse. Estoy convencido de que todo esto se derrumbará, y más rápido de lo que pensamos. Gramsci tenía razón en un punto esencial: la cultura precede a la política. Pero olvidó que funciona en ambos sentidos. Cuando una cultura artificial pierde sus perfusiones, lo que hay de verdadero debajo sube a la superficie. Lo que viene después, creo que es un renacimiento. Una cultura que vuelve a amar la belleza, la ambición, la ciencia, la civilización que la vio nacer. Y en los libros de historia, se recordará que todo empezó cuando un hombre decidió mirar las cuentas. Hacía falta alguien lo bastante rico para no depender de nadie, lo bastante loco para lanzarse y lo bastante libre para soportar el odio que vendría después. Gracias, Elon.domingo, 4 de octubre de 2026
Una de las cosas más curiosas del Sindicato de Inquilinas de Madrid que esta semana ha ocupado la Puerta del Sol con la vivienda por bandera es que no son de Madrid, sino de Barcelona, un invento urdido en las zahurdas de Catalunya en Comú (los Comuns de Ada Colau, ex alcaldesa de Barcelona) y su Sindicat de Llogateres (Sindicato de Inquilinas de Cataluña), en realidad una red de agitadores profesionales, gente liberada (es decir, con sueldo fijo) dispuesta a jugar a la revolución, a menudo procedente de familias bien, dedicados a “proyectos de investigación social” a quienes la vivienda y su problemática encaja como un guante. Son parte de la “industria del activismo” que maneja la extrema izquierda, movida por profesionales del ramo y financiada con fondos públicos que reparten Ayuntamientos, Comunidades y sobre todo el Gobierno de la nación, todo con la opacidad que en el manejo del dinero del contribuyente distingue a la izquierda. Es la materialización de aquella reflexión made in Errejón según la cual el zurderío patrio tenía la obligación de regar de dinero el mapa asociativo para poder contar con cuarteles de invierno a los que retirarse en caso de pérdida del poder y desde los cuales seguir “haciendo la revolución”. La mayoría de las “portavoces” de ese dizque Sindicato son chicas con poca idea de la compleja problemática de la vivienda y con nula de economía, pero con una implacable verborrea revolucionaria (“Derrotemos el poder de los rentistas con una huelga general”), proceden de ese entorno de los Comuns y su Sindicat de Llogateres. Ellas venían desde hace tiempo monitorizando a Maricarmen, dispuestas a montar el pollo en el momento del desahucio de la señora. Son Maricarmen y sus muñecas, generosamente financiadas, entre otros, por el Ayuntamiento de Barcelona, la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID), la Secretaria d'Habitatge de la Generalidad, el Programa Ciudadanía Activa (EEA Grants) y, naturalmente, la Open Society de George Soros, uno de los tipos más malignos que ha producido el mundo en mucho tiempo.
https://www.vozpopuli.com/opinion/maricarmen-y-sus-munecas.html